El caso de Charlie Hebdo como estrategia emocional para la unidad europea

 Nada nuevo bajo el sol. Los grupos terroristas siempre han utilizado el “miedo”, en sus múltiples dimensiones, como herramienta para conseguir sus objetivos; bien a través de chantajes (recordemos el caso de Miguel Ángel Blanco), bien con ataques directos (11S, 11 de marzo)….

Los fines, al igual que las causas, han sido diversas; aumentar la notoriedad/visibilidad del grupo terrorista en un lugar concreto, consolidar su fuerza, internacionalizar el conflicto… De entrada, han conseguido que los máximos mandatarios internacionales convoquen una cumbre antiterrorista internacional para el próximo 18 de febrero en Washington.

Pero en este análisis no nos vamos a fijar ni en las causas ni en los fines, sino en las consecuencias que puede generar un acto como el acontecido; pasemos del concepto “opinión pública” a la “emoción pública”; una emoción pública que puede ser “positiva”. No queremos que malinterpreten estas palabras, por lo que procederemos a explicarlo.

unidad europea

El sentimiento de adhesión hacia Europa se ha visto en clara decadencia en los últimos años como consecuencia de la crisis económica; “guerras” entre norte-sur, amenazas por incumplimiento del déficit…El “viejo Continente” se regía por la prima de riesgo y el control de la deuda pública. El sentimiento europeísta de los españoles iba disminuyendo (Metroscopia)…

Sin embargo, en las calles de París, y a raíz del pánico generado por los yihadistas, con el saldo de 17 muertos, se ha escenificado una unión que podría servir como punto de inflexión para Europa; un “mal mayor” (el terrorismo), puede ser herramienta estratégica para unir, sentir adhesión, anclaje…hacia un Continente en horas bajas.

Para ello, es imprescindible entender las implicaciones de la experiencia del terror en el sujeto y en la sociedad; en esencia, el terror es una forma extrema de una emoción de las llamadas básicas: “el miedo”. Sus efectos inmediatos, como en el caso de todas las emociones, se ven reflejados en una serie de cambios a nivel mental y físico que pueden alterar el comportamiento. En un individuo son bien conocidas la tendencia a huir o la paralización ante una situación de miedo intenso. En el caso que nos ocupa, por ejemplo, la narración de Sigolène Vinson, la sobreviviente de la masacre en Charlie Hebdo, describe el estupor de los sujetos y la pasividad ante los asesinos.

El propósito de los instigadores del miedo extremo, el terror, es justamente alterar el comportamiento de la gente a su favor: que la gente se esconda, que renuncie a hacer cosas, que huya. Pero estas reacciones que son esperables en una persona cambian cuando se trasladan a un plano grupal. La cercanía de nuestra identificación con un grupo altera nuestra la forma en que reaccionamos emocionalmente y por tanto nuestro comportamiento y actitudes (de hecho se sabe que la identidad de grupo es un factor consistente para predecir el comportamiento).

En este caso, el sentido de pertenencia lleva a la generación de emociones “compartidas” donde una amenaza a nuestro grupo se interpreta como una amenaza hacia nosotros (en sentido individual). Si percibimos que el grupo al que pertenecemos es fuerte, se produce una disposición a sentir enojo hacia los grupos foráneos que nos amenazan o atacan. Aunque es probable que algunos individuos se sientan arrinconados, el ataque a Charlie Hebdo ha servido para que crear una unión afectiva con un enojo colectivo del pueblo francés contra los grupos radicales que atentan contra el grupo. De hecho, el miedo al terrorismo, ocasiona que regiones que de otra forma estarían en desacuerdo, lleguen de forma rápida a acuerdos universales sobre principios y acciones como dicen Bleiker y Hutchison.

El pánico generado por el terrorismo puede ser, en última instancia, clave y estratégico si se sabe utilizar bien por parte de las autoridades europeas en aras a la construcción de la marca Europa fuerte, sólida y atractiva: una lovemark llamada…Europa, salvaguarda de la libertad. El “espíritu de Ermua” fue un antes y un después que sirvió para, a través de las emociones, unir a una comunidad. ¿Podría ser que “el pánico yihadista” sirviese a los intereses europeos?

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