Pedro Sánchez: la soberbia como escudo y sus efectos emocionales

Era la sonrisa permanente. Rebosaba optimismo. Deseo de llegar a acuerdos; colaboración. Y parecía el “niño mimado” por Susana Díaz. Así era Pedro Sánchez durante la campaña y sus primeros días como Secretario General del PSOE.

Sin embargo, ciertas decisiones, tanto políticas como estratégicas desde el punto de vista comunicativo, han encendido la alarma en la propia familia socialista; el incumplimiento del pacto con el PP para la votación de Juncker en la Comisión Europea; las declaraciones relacionadas con la modificación de la Constitución pactada con el PP un año atrás y su deseo de dar marcha atrás a la misma, sus constantes apariciones en medios de comunicación “poco convencionales”…

Las voces críticas no han tardado en llegar; el apoyo de Susana Díaz, que parece que utilizará las elecciones andaluzas como trampolín para postularse a candidata del PSOE a la Moncloa, no está garantizado. La líder, cada vez mejor valorada entre la militancia, con carisma y gran aprobación de los barones, ha mostrado sus discrepancias, mediante omisión explícita, al actual Secretario General. Zapatero y Bono se han reunido con Pablo Iglesias. Las encuestas no hacen más que darle disgustos ante el auge de Podemos.

Ya no sonríe. El enfado y la rabia afloran en sus discursos; con ticks nerviosos que le llevan a escudarse en una arrogancia y soberbia que no había mostrado hasta ahora; situación que le ha llevado a manifestar algo tan llamativo como que Podemos debería llamarse “No Sabemos”. Si por algo se caracteriza la formación de Iglesias, Monedero, Bescansa y Errejón es precisamente por su “sabiduría”; nadie pone en duda su conocimiento, su sapiencia. Otra cosa muy diferente es su capacidad de gestión, pero en este país nadie duda de la capacidad intelectual del partido surgido del movimiento del 15M. De hecho, considero que la “diferenciación” y “valor añadido” de Podemos es precisamente ese: el saber (que efectivamente, puede aplicarse para bien o para mal; pero “saber, saben”.

¿Cómo puede afectar esta chulería y arrogancia en las emociones de la gente?

Sánchez es un político que ha sido elegido secretario general de un partido que enfrenta graves problemas de liderazgo y credibilidad desde hace años. Ha aceptado el reto sabiendo que no las traía todas consigo pues el aire dentro del PSOE después de las elecciones europeas estaba muy enrarecido. De puertas hacia adentro ha dado prioridad a tratar de apaciguar y conciliar todas las corrientes y voces críticas dentro del PSOE mostrándose ecuánime y abierto. Hacia afuera, ha puesto distancia de por medio con el PP en un afán por recuperar credibilidad y además ha intentado de varias maneras de dotar de una frescura inusual su forma de conectar con el público. Se ha afanado en aparecer en varios foros con una imagen del “tío de a lado”. Y es ahí donde puede radicar el problema: mucho esfuerzo y poco retorno. Parece ser que poco importa lo que Pedro haga, su gestión sigue siendo cuestionada por propios y extraños ¿Resultado? Un líder frustrado. Y la frustración lleva irremediablemente al enfado que se transluce en la arrogancia y soberbia de Sánchez.

¿Cómo reacciona la mente humana ante la soberbia? Como apuntamos detrás de esa soberbia se puede esconder un enojo o incluso tristeza y desilusión. Y ambas emociones, cuyo tono es negativo, no van a hacer más que empeorar la situación de Sánchez. Las emociones son entre otras cosas una forma de comunicar nuestro estado de ánimo y por tanto tienen un efecto en los que nos rodean. En concreto, las reacciones individuales al enojo de otros pueden variar y van desde miedo hasta rechazo o incluso agresión.

En política la gente usa las emociones para evaluar a los líderes y con ello establece una forma de actuar ante las distintas situaciones que rodean al político. En el caso de Sánchez, si suponemos que la gente está experimentando miedo ante su actitud prepotente, entonces es probable que se esté generando una sensación de inquietud y zozobra que hará que los votantes busquen alternativas para apaciguar ese temor, quizá en otro partido. Si por el otro lado la gente experimenta rechazo, es obvio que se alejará e ignorará lo que Sánchez quiera decir y entonces abrirá una brecha difícil de resanar. Si en cambio, la gente se siente molesta antes los desplantes de Sánchez, esto terminará en una pérdida de confianza profunda.

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